Mañanas lluviosas...

10 de mayo de 2008


Las mañanas de lluvia son aquellas en que te levantas pensando en las ganas que vas a tener durante todo el día de volver a meterte en la cama para escuchar el sonido de la lluvia contra tu ventana. Pero cuando consigues poner el primer pie en el suelo recuerdas cuánto te gusta ponerte bajo los xorros de agua que caen del canalón sobre tu paraguas, haciendo un ruido escandaloso teniendo en cuenta la soledad de las calles en esos días lluviosos.

Valencia es un caos cuando llueve, y me encanta. Los coches, que de normal van siempre con las prisas de quien llega tarde a trabajar, han de ir "despacio", porque los atascos son irremediables, lo cual deja a los peatones la libertad de cruzar los pasos de cebra pudiendo ir de charco en charco, empapando los bajos de los pantalones, que a su vez empaparán después el suelo de alguna casa que alguien tendrá que limpiar.

Las aceras se convierten en paraguas andantes, que esconden caras largas debajo, pertenecientes a gente acostumbrada al calor, y al olor de la contaminación, y no a ese extraño olor a humedad que ambienta y perfuma la ciudad.

La plaza del ayuntamiento, desierta, se convierte una pista de patinaje para aquel osado que se atreve a cruzarla, porque el suelo de "marmol raro" tiene esas propiedades. Y los limoneros dispuestos a su alrededor, intensifican el olor de su flor, que ha decidido salir ahora que es primavera.

Las mañanas lluviosas son mañanas de prisas, porque cuando llueve no podemos andar despacio (pruébenlo, está demostrado), y por eso, tu, que ya cuentas con eso, tienes a mano tus zapatillas deportivas, especiales para la lluvia.

Porque en las mañanas lluviosas, una siempre necesita sus zapatillas corredoras.


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