Póker...

2 de noviembre de 2009

Todo lo apuesta, y todo lo gana. Su rutina es el juego, el póker, la ruleta, las chicas y los vicios caros. Su traje, su corbata de marca y sus zapatos que la chacha recién le limpió a cambio de un poco de sexo de compasión.

El casino abre sus puertas sólo para él, y a su disposición dos mujeres mal vestidas (o bien), a quien él llama mis zorras, porque los tipos duros emplean tacos y tratan a las mujeres como zorras, porque son lo que son. Su whisky de dos mil dólares, su puro entre los dedos y su brazo rodeando una cintura de 60 centímetros, encima de unos tacones de aguja que en unas horas estaran sobre su pecho, porque los tipos duros también tienen fetiches. Los que más.

Limpio por fuera, sucio por dentro, y su visa oro en la cartera que atrae a cualquier fulana de alto standing. Se abre paso entre la gente, que lo conoce y cuchichea mientras pasea su traje y sus zorras entre las máquinas tragaperras y la barra.

En unas horas una habitación de hotel y dos de sus chicas juegan a su póker particular. Unas esposas, unos lazos rojos... El traje en el suelo, la corbata en el ventilador. Una juega a atarlo al cabezal de la cama, la otra deja carmín en su oreja.

Entre juego, alcohol y placer, una de sus zorras saca un arma de su bolso de Dolce&Gabana que él le regaló. Con una 9 mm en la cabeza del mejor jugador de póker que el casino tuvo y tendrá, la zorra del carmín le susurra:

- Apuesto a que hoy gananamos nosotras

Y la sangre en la pared hace juego con los lazos rojos de sus brazos. Siempre con estilo.

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