Cartas...

13 de julio de 2008

Hoy he encontrado tus cartas. Sí, esas que me metías por debajo de la puerta. Las he encontrado por pura casualidad.

En el fondo del armario caben muchas cosas, algunas de las cuales ni recuerdas que las has metido. Y allí, en una mísera caja de zapatos estaban tus cartas. Es increíble, en a penas una caja medio rota de cartón cabe una vida.

No recuerdo haberlas metido allí, quizás alguien las metió por mi, cuando yo no tenía fuerzas ni ganas para hacerlo. Quizás alguien tuvo que esconderlas de mi vista cuando te fuiste.

Hoy me he preguntado si tendrás la misma caligrafía, la misma efe alargada y la erre estirada...Tus palabras leídas hoy, por primera vez en 8 años, me han sabido a mentiras. Bueno, tarde, pero abrí los ojos por fin. Me pregunto por qué no te las devolví. Ah si, no me diste tiempo. Te marchaste sin que me diera cuenta. Saliste por la puerta de atrás, como quien esconde un crimen. Supongo que tendrías a alguien esperándote para salir corriendo tan deprisa. O tal vez fue que la misma culpa no te dejó despedirte. Es curiosa la culpa, como se apodera de nosotros en los momentos menos inesperados.

Entre las cartas, también un cassette. Debería existir un artículo en la Constitución que prohibiera grabar canciones si no se está seguro de que el amor vaya a durar.

Y en las fotos alguien a quien en realidad no conocí, porque a quien creía conocer jugaba a ser Dios. Y como soy atea, pues recibí mi merecido.

Me pregunto qué imagen tendrás de mi. Debes pensar que no tengo un gramo de amor propio. Ocho años es mucho tiempo para cerrar una herida, para abrir otras y para volverlas a cicatrizar. En este tiempo ha habido otros que han jugado a ser Dios, Buda y Alá, pero de ninguno conservo una caja de zapatos llena de cartas, aunque si una cuenta en hotmail llena de e-mails. Los tiempos cambian...

Me has hecho caso, y no me has dirigido la palabra, tal y como te pedí. Mira, al menos en eso tuve suerte y gané. Aunque en estos casos, como en una guerra nadie gana, y todos perdemos.

Porque yo te perdí a ti, pero tú me perdiste a mi.


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